LA FELICIDAD NO ESTA LIGADA A NUESTRAS POSESIONES, SINO A LO QUE NOS DA ALEGRÍA

Subió al metro y empezó a dar las gracias a la gente. Y luego cantó esta mágica canción.


Los pasajeros del metro de Brooklyn probablemente no leerán este texto, pero ¡saben cómo mostrar agradecimiento y animar a los demás a hacerlo! Sobre todo, uno de ellos – un joven americano que se presentó osadamente frente al resto de los pasajeros… y empezó a agradecerles: por haberse levantado tan pronto a pesar de la helada mañana de invierno, por haberse decidido a abandonar su acogedora casa y salir a trabajar para asegurar la supervivencia de sus seres queridos y preocuparse por su futuro.
El hombre repartió a los pasajeros tarjetas con el texto “Over the Rainbow” [“Encima del arco iris”] y les animó a cantar todos juntos la, como la llamó, canción mágica.


Y así, con el acompañamiento de un ukelele, el tren atravesaba las siguientes estaciones, y ¡sus pasajeros con toda seguridad estarían de buen humor aquel día! El iniciador de este evento inusual comentó – “La fuente de la felicidad no está en lo que material, sino en lo que nos da alegría.” Desde siempre, para el acto de agradecer, ¡los salmos son infalibles! Hoy, como oración de agradecimiento os ofrecemos el Salmo nº 103:


Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.


Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura;


Él colma tu vida de bienes,
y tu juventud se renueva como el águila.
El Señor hace obras de justicia
y otorga el derecho a los oprimidos;


Él mostró sus caminos a Moisés
y sus proezas al pueblo de Israel.


El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;


No acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente;
No nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.


Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;
cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados.


Como un padre cariñoso con sus hijos,
así es cariñoso el Señor con sus fieles;
él conoce de qué estamos hechos,
sabe muy bien que no somos más que polvo.


Los días del hombre son como la hierba:
él florece como las flores del campo;
las roza el viento, y ya no existen más,
ni el sitio donde estaban las verá otra vez.


Pero el amor del Señor permanece para siempre,
y su justicia llega hasta los hijos y los nietos
de los que lo temen y observan su alianza,
de los que recuerdan sus preceptos y los cumplen.


El Señor puso su trono en el cielo,
y su realeza gobierna el universo.
¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles,
los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes
apenas oyen la voz de su palabra!


¡Bendigan al Señor, todos sus ejércitos,
sus servidores, los que cumplen su voluntad!
¡Bendíganlo todas sus obras,
en todos los lugares donde ejerce su dominio!
¡Bendice al Señor, alma mía!

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