HOMILÍA DEL DOMINGO 22º DEL TIEMPO ORDINARIO (28 agosto 2016)


v  Hoy nos damos codazos por ascender en el escalafón, por ocupar los primeros puestos, por vanagloriarnos de los triunfos, títulos, méritos y derechos adquiridos. Es la actitud de la soberbia. Pero esto daña a la propia persona y hace muy difícil la convivencia.

v  La humildad nos hace mirar la dignidad de las personas, que no se mide por la jerarquía del puesto que ocupan o que creen que deben ocupar en los banquetes.
§  La dignidad de las personas consiste en ser hijos e hijas de Dios y en ser hermanos o hermanas, no en estar en la mesa presidencial.
§  La humildad y la modestia hacen grandes a las personas y les hace hallar gracia ante Dios y ante los demás, pues abaja a los soberbios y enaltece a los humildes.
§  Pero la humildad no es repetir que no somos nada, que no valemos, ensayar poses de modestia demasiado teatrales.
o   Dios nos pide reconocer nuestra dignidad, para agradecerle nuestra dignidad y nuestras cualidades, pues todo es don y merece gratitud, lo que se traduce en confianza, disponibilidad, aceptación de los planes de Dios en nuestra vida y servicio a los más necesitados.
o   Humilde es quien se valora a sí mismo con verdad y honestidad, y es capaz de dar gratuitamente, sin exigir nada a cambio.

v  Quien adopta esta actitud de autoestima y humildad se gana el reconocimiento y el afecto de los hermanos y el favor de Dios.


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