HOMILÍA DEL DOMINGO 18º DEL TIEMPO ORDINARIO (31 julio 2016)



v  Nuestra vida está basada en el consumo, el bienestar aparente, el acaparar con avaricia y en una felicidad a muy corto plazo puesta exclusivamente en disfrutar de la vida aquí, ahora y ya, encerrándonos en nosotros mismos y en mis riquezas. Pero, ¿estamos satisfechos?, ¿somos felices? La riqueza sin tener en cuenta la posibilidad de la muerte no da por sí sola la felicidad.

v  Frente a este estilo de vida, el evangelio nos propone el compartir.
§  Compartir es algo más de dar lo que a uno le sobra y no necesita.
§  Compartir es participar lo que uno tiene en clima de amistad, compañerismo, de gozar juntos y en buena armonía de las cosas.
§  Es, además, encuentro personalizado, reconocedor del otro como hermano y calidad de vida fraterna, guidado por la solidaridad humana y el amor al prójimo.
§  En definitiva, es dar lo que necesitamos para vivir nosotros mismos, lo que implica mayor sentido de humanidad y fraternidad cristianas: poner nuestros bienes y nuestro tiempo al servicio de los demás. O como decía el lema de Cáritas: vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir.

v  Este es el estilo de vida de Cristo, que no tenía ni dónde reclinar la cabeza, testimonio de pobreza, desprendimiento y compartir sin límites.


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