TRIDUO AL CRISTO DE LA SALUD


PRIMER DÍA DE TRIDUO
ESTAR ATENTOS A LA PALABRA DE DIOS


v  La Palabra de Dios nos invita con la imagen de los diferentes terrenos a reconocer nuestra disponibilidad y docilidad para acogerla.
§  Allí donde nos encontremos somos buscados, porque interesamos profundamente a ese Dios misericordioso y perdonador que nos ama y no nos quita la posibilidad de ser sus amigos y de volver a él, aunque nosotros le hayamos dicho que no queremos saber nada de él.
§  Por medio de las páginas de la Biblia, Dios nos sigue hablando, y esto nos impulsa a ser misericordiosos como el Padre, viviendo de la misma manera que él.
§  Nosotros necesitamos encontrarnos con la Palabra de Dios de manera directa y escucharla atentamente, desde la lectura personal de la Biblia, grupos de Jesús, estudio del evangelio, la meditación en grupos...
§  Para facilitar dicho encuentro hemos de aprender a realizar el silencio interior para poder escuchar a Dios que nos llama a ser misericordiosos.
§  El problema es nuestro corazón duro, que nos impide recibir la Palabra de la manera debida, defendiéndonos incluso de ella porque es peligrosa y nos compromete.
§  Tenemos que desalojar nuestro terreno de nosotros mismos, de nuestros esquemas, de nuestros prejuicios, de nuestro sentido común.
§  Hemos de tomarnos en serio la Palabra, llevándola a la vida de manera habitual: la Palabra de Dios, con nuestra colaboración, es capaz de hacer florecer el desierto.

v  Jesucristo es la misma Palabra de Dios, la más verdadera, completa, perfecta y plena de todas las posibles.
§  Es una Palabra viva: toda la vida de Jesús es Palabra de Dios y encierra una palabra de Dios para nosotros.
§  Todo nos lo ha hablado en Cristo, por lo que no debemos buscar otras palabras o revelaciones de Dios.
§  Por lo tanto, pon los ojos y los oídos y la vida entera sólo en él, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas.


DÍA SEGUNDO
CRISTO, NUESTRO TESORO


v  ¿Qué me produce alegría? Quizás sea alegría superficial.

v  Cristo es quien me provoca alegría desbordante, porque es un tesoro o una perla de gran valor, que me hace vender todo lo que tengo.
§  No es posible llegar a soluciones de compromiso, es preciso renunciar a todo y comprometer nuestra vida para gozar de la misericordia de Dios.
§  Para ello es imprescindible que tengamos un encuentro con Cristo, saboreado en un momento preciso, que ilumina toda nuestra existencia y abrasa nuestro corazón por el fuego del Espíritu.

v  La alegría del Evangelio es Jesús crucificado, que llena nuestra vida perdonando nuestros pecados, dándonos el signo de su amor infinito, llenándonos día y noche con su alegría profunda.
§  Acoger el Evangelio es acoger su fuerza y apostar por ella, confiarnos a Cristo crucificado, que quiere llenarnos de su alegría.
§  Jesucristo en la cruz es el modelo de todas las virtudes: misericordia, amor, paciencia, humildad, obediencia, desprecio de las cosas terrenas (vestidos, riquezas, honores, dignidades y placeres).
§  Pero es desecho del mundo: condenado, apaleado, flagelado, coronado de espinas, cargado con la cruz y crucificado.

v  Cristo crucificado es un símbolo de los que se encuentran crucificados hoy: pobres, ancianos abandonados, refugiados, emigrantes, enfermos, mujeres maltratadas y explotadas.
§  Si Cristo es nuestro tesoro, ¿qué lugar ocupan los pobres?
§  Ellos son los privilegiados de la misericordia divina. Por eso, nosotros tenemos que curar las llagas de los pobres, aliviándolas con la consolación, vendándolas con la misericordia y curándolas con la solidaridad y la atención.
§  Habremos de potenciar la tarea de Cáritas en nuestra parroquia, como dinamizadora de la acción sociocaritativa de la comunidad cristiana.
§  Todos nos tenemos que implicar en medidas concretas, lo cual pasa por un estilo de vida sencillo para que otros sencillamente puedan vivir.



DÍA TERCERO
SIGNOS DE RECONCILIACIÓN Y PERDÓN


v  Muchas veces nos apenamos por el mal que hay en el mundo: terrorismo, guerras, paro, incendios, pobreza, hambre, familias desunidas,...

v  Los cristianos no podemos sembrar ni colaborar para que haya todo esto en nuestra sociedad.
§  La parábola de la red que recoge peces comestibles y no comestibles nos muestra la presencia de bien y de mal en nuestro mundo.
§  También en nuestra comunidad hay quien acoge y vive la Palabra de Dios, y quien la rechaza o se muestra indiferente ante el Señor y los demás.
§  Por eso, es importante ponernos en las manos de Dios, dejarnos abrazar por Cristo crucificado: manos que calientan y protegen; manos que cuidan y apoyan; manos que alientan y acogen; manos que deja marcharse a quien no quiere quedarse; manos que exhortan, invitan y tranquilizan; manos que aman y se entregan...
§  Cristo crucificado nos perdona nuestros pecados, para eso murió, para que todo el que crea en él no se pierda sino tenga la vida eterna. Así, por su inmensa misericordia, obtuvimos el perdón y la reconciliación con Dios.

v  Si Cristo crucificado es signo de perdón y reconciliación, nosotros hemos de ser en este mundo promotores de paz, unidad, perdón y comunión entre todos los hombres.
§  Si el interés de las personas les mueve a romper con los demás por intereses de todo tipo, nosotros hemos de ser signos de reconciliación y perdón.
§  Nosotros hemos de buscar la unidad y la cohesión social, lograr acuerdos que favorezcan a los más necesitados, emprender acciones que promuevan el bien común, la conciliación de posturas que rompen la convivencia social. Debemos ofrecer vías de encuentro y comunicación con todos.
§  Pero para sembrar todo esto en el mundo, hemos de estar en comunión unos con otros, superando posturas que rompen nuestra unidad y nos impiden hablarnos entre nosotros.


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