TRIDUO A LA VIRGEN DE LA CABEZA 2016


DÍA PRIMERO: EL RICO Y EL POBRE LÁZARO 
(Lc 16,19-31)

v  Hay dos momentos:
·         El rico y Lázaro en este mundo: se liquida en breves pinceladas.
§  El rico viste como un rey y está de fiesta cada día, pero no se menciona su nombre.
§  El pobre, que tiene por vestido su piel llagada, tiene un nombre, Lázaro, el único nombre mencionado en las parábolas. Yace junto al portal del rico, no le dan ni las sobras de la mesa del rico, pero cuando muere es llevado al seno de Abraham.
·         El rico, Abraham y Lázaro en la otra vida: es interminable y está traspasada por las súplicas del rico.
§  Lázaro es consolado, mientras que el rico está lleno de tormentos en medio de las llamas y no tiene ni una gota de agua para mojarse la lengua.
§  El cambio es definitivo porque existen dos obstáculos: el portal de la casa que impide que Lázaro sea socorrido por el rico; y el abismo entre los infiernos y el seno de Abraham.
§  No son escuchados ni el silencio del tiempo ni el diálogo en la eternidad: durante el tiempo el rico no ha saciado el hambre de Lázaro. En la eternidad Abrahán no puede atender las súplicas del rico: Lázaro no puede aliviar los tormentos del rico, no puede ser enviado para testimoniar lo que sucede en el más allá, ni tampoco la resurrección de un muerto puede convertir a los cinco hermanos del rico.

v  La súplica del rico no es escuchada:
·         Cuando el rico está en los infiernos y ve a Lázaro en el seno de Abraham, lo reconoce y lo llama dos veces por el nombre. Así se condena a sí mismo pues conocía a Lázaro en su vida terrena y lo había ignorado siempre.
·         La misericordia de Dios se conjuga siempre con la del prójimo: cuando falta la misericordia con el prójimo, tampoco hay espacio para la de Dios.

v  No son la pobreza y la riqueza las que garantizan o excluyen el resultado positivo o negativo del juicio final, sino la incapacidad o la incapacidad de ver y sentir compasión por el otro a través de las obras de misericordia.

v  No la Escritura leída y estudiada, sino escuchada como Palabra de Dios es capaz de convertir el corazón humano para abrirlo a la fe, ocupando la Palabra acogida el espacio que ocupan las riquezas.

v  Si el infierno es el sufrimiento de no poder amar, cada instante de la vida humana que no se vive por amor anticipa el infierno.

v  La que mejor ejemplo nos ha dado de escucha de la Palabra de Dios y docilidad para con ella ha sido la Virgen María, que dijo: Hágase en mí según tu Palabra.
·         María es la creyente, acepta a Dios en su vida, acoge en su vida los planes de Dios, en una apertura total a Dios.
·         María, mujer disponible a la escucha, escucha en profundidad, con docilidad y sencillez de espíritu, enriquece su vida al abrirse a la Palabra de Dios, perseveró en la escucha, aunque no siempre entendió su contenido.
·         María está pronta a cumplir la Palabra: obedece porque ama, porque pone en su corazón las palabras de Dios, porque las hacía suyas, porque pone la voluntad de Dios por encima de todo, de ella misma, afectos, deseos,...
·         Este deseo de vivir atentos a la Palabra implica vivir un clima de silencio para escuchar y no confundir la voz de Dios. Conservar y meditar, recoger y añadir, guardar y enriquecer...

v  Esto la hizo Madre de la misericordia, con los ojos abiertos hacia Dios y hacia las necesidades de todos.


DÍA SEGUNDO: EL JUEZ Y LA VIUDA (Lc 18,1-8)

v  Personajes:
·         El juez es el emblema del máximo poder, como abogado, fiscal y notario; no es persona religiosa y es un juez injusto, que gestiona la justicia a su gusto y que carece de un corazón compasivo.
·         La viuda expresa la condición humana más precaria, frecuentemente sometida a diversos abusos; se dirige sin desistir al juez para que le haga justicia contra su adversario y su insistencia le hace atender la súplica de la viuda.

v  Al contrario que el juez injusto, Dios hará justicia pronto a sus elegidos que le gritan, se deja interrogar por las situaciones humanas, se deja conmover su corazón y escucha la oración perseverante de los pobres y débiles que le suplican.

v  La fe que se nos pide es al mismo tiempo confianza, fidelidad, entrega; nace de la oración y se alcanza en la obediencia del que aprende a escuchar la voluntad de Dios, incluso cuando no la entiende.

v  María de la Cabeza es también una mujer de fe desde el silencio desconcertador de Dios que la ha llamado y no sabe por qué, pero acepta y acoge esa palabra de Dios.
·         Iluminada por una fe ciega, asume el camino muchas veces oscuro de la fe, vivida en el silencio.
·         Se ha dejado seducir por el Señor en la sencillez, para comprender el misterio de Dios.
·         En ella resplandece la fe como don, apertura, respuesta y fidelidad.
·         De ahí que se entregue totalmente a Dios, desde la escucha, dejar todo y seguir al Señor.
·         En ella resplandece un silencio contemplativo: su cara llena de admiración por lo que contempla de Dios; es una mirada penetrante, capaz de descubrir a Dios en todos los momentos de su vida, incluso en los más duros y difíciles.
·         Su respuesta es clara en sus labios: Sí, lo haré, desde la aventura de fe que conlleva riesgo, valentía, sencillez y humildad ante el brazo poderoso de Dios. La vida del creyente es una senda llena de dificultades y alicientes. Merece la pena caminar, cansarse, arriesgarse a la desorientación.

v  La fe lo invade todo, lo transforma todo, lo cambia todo. Es la única que es capaz de dar un vuelco a la vida y descubrir el sentido auténtico del seguimiento de Cristo. El hombre creyente aprende de María la disponibilidad ciega, la generosidad infinita, el abandono completo a Dios.


DÍA TERCERO: EL FARISEO Y EL PUBLICANO (Lc 18,9-14)

v  La escena se desarrolla en el templo, donde se dirigen a orar un fariseo y un publicano al mismo Dios, pero con una idea y actitud opuestas:
·         El fariseo ora erguido en una larga oración. Da gracias a Dios porque no es como los demás hombres (ladrones, injustos y adúlteros) ni como ese publicano: se acuerda de los demás, no para rezar por ellos, sino para despreciarlos y condenarlosse pone en el lugar de Dios para condenar y despreciar al prójimo, y se enaltece ante Dios.
·         El publicano no tiene el valor de levantar los ojos al cielo y se golpea el pecho en una pequeña oración: reconoce su culpa y pide la expiación para alcanzar el perdón.

v  El que vuelve a casa justificado es el publicano y no el fariseo, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido por Dios. Razón: el fariseo desprecia al publicano, y el publicano se desnuda ante Dios, reconociendo su culpa y confiando en el perdón.

v  María es también parte de este humilde pueblo de Dios:
“A un prestigioso arquitecto, le encargaron la construcción de una iglesia para honrar a María. Todos esperaban de él una obra singular. Llegó el día de la inauguración y los fieles acudieron gozosos a ver la imagen de María que presidiría el centro del retablo.
Cuál no sería su sorpresa al no encontrar a María en el altar mayor. El retablo estaba vacío.
En el primer banco de la iglesia estaba, sentada, una escultura con la imagen de la Virgen.
Ante el asombro y preguntas de los fieles, el arquitecto contestó: “Estamos acostumbrados a encumbrar a María, a colocarla distante de nosotros y olvidamos, con frecuencia, que María es la primera cristiana. Una mujer de nuestra raza, cercana a nosotros, que ha escuchado la palabra de Dios y ha sabido seguirla”.
·         En el evangelio aparece María como una sencilla muchacha del pueblo, novia y luego esposa de un trabajador, una mujer que desde la cotidianidad cumplió la voluntad de Dios.
·         Mujer sufrida, con pocas comodidades, vecina de una aldea insignificante, casada con José que tendrá que hacer grandes esfuerzos para seguir adelante con su trabajo.
·         Mujer que experimentó el dolor ante las sospechas de los vecinos ante su estado de madre soltera, ante las dudas de su novio José, por no tener que dar a su hijo recién nacido más que un pesebre (no una cuna limpia ni techo) y por tener que emigrar a un país extranjero sin conocer a nadie, sin hablar la lengua del país y sin apoyo ninguno.
·         Madre que conoce la angustia de perder a su hijo adolescente y luego no entiende la respuesta que da, que vive con la premonición de que su hijo va a tener un final trágico, que es testigo de las diversas reacciones de la multitud y de las autoridades que maquinan deshacerse de su hijo, que está de pie junto a su hijo condenado y ajusticiado injustamente.
·         Su grandeza está en que Dios puso sus ojos en ella y la hizo madre del Mesías. Ella supo decir “SÍ” a Dios, acogiendo su Palabra y poniéndola en práctica, su conducta estuvo animada por la caridad y el espíritu de servicio. Así es la primera y más perfecta discípula de Cristo.

v  Que la Virgen de la Cabeza nos ayude a sentirnos más pueblo, más sencillos, más humildes, más fieles discípulos de Cristo.


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