QUINARIO AL CORAZÓN DE JESÚS 2016



DÍA PRIMERO: LOS DOS DEUDORES DEL ACREEDOR (Lc 7,36-50)

v  Situación:
Ø  Jesús acepta la hospitalidad de Simón el fariseo, invitándolo a comer.
Ø  Una mujer pecadora se presenta sin ser invitada, se acerca a Jesús, le baña los pies con las lágrimas, los seca con los cabellos, los besa y los rocía con perfume.
Ø  El juicio no pesa sobre la mujer sino sobre Jesús, que se deja lavar los pies de este modo, contaminándose por los pecados de la mujer.

v  La pasión de Jesús por los pecadores está cargada de humanidad y es gratuita, nos la muestra en la parábola, que habla de dos deudores y un acreedor.
Ø  Hay mucha desproporción en la deuda: 500/50 denarios.
Ø  Los dos deudores no pueden devolver el dinero y son agraciados con el perdón de la deuda.
Ø  Jesús pregunta a Simón: ¿quién de ellos le amará más?
Ø  Simón responde que el deudor a quien se le ha perdonado más dinero, más amará a su acreedor.

v  La parábola descubre la situación:
Ø  Simón es como el deudor de 50 denarios, que no ha dado agua a Jesús para los pies, no le ha dado un beso, ni le ha ungido la cabeza: quien no ha alcanzado el amor gratuito de Dios, no está en condiciones de amarlo.
Ø  La pecadora es como el deudor de 500 denarios, que no conseguiría nunca saldar la deuda: la mujer es capaz de amar porque le ha sido dado el perdón sin condiciones.

v  Durante la comida Jesús escandaliza a los huéspedes:
Ø  ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios? Jesús se apropia de un derecho divino.
Ø  Jesús sintoniza con el modo de actuar de Dios porque reconoce la fe que la pecadora ha tenido en su poder de perdonar los pecados, tuvo una confianza inquebrantable.
Ø  La fe es la única condición que Jesús pide para ser salvados, igual que para hacer milagros.

v  La Iglesia se compone de siervos a los que se ha perdonado una deuda desmesurada, para que estén en condiciones de perdonar a otros hermanos.
Ø  Hemos de perdonar siempre.
Ø  Con Jesús la misericordia de Dios se acerca a la miseria humana, la acoge y la redime, transformándola en la gratuidad de un amor sin condiciones.

DÍA SEGUNDO: EL BUEN SAMARITANO (Lc 10,25-37)

v  En tiempos de Jesús hay multitud de leyes que cumplir para ser religioso, por eso una cuestión principal es cuál es el mandamiento más importante.
Ø  El doctor de la ley y Jesús concuerdan que el amor a Dios y la prójimo es la condición necesaria para heredar la vida eterna.
Ø  Pero el doctor de la ley para justificarse le pregunta a Jesús quién es prójimo al que hay que amar: ¿el hermano, el familiar, el amigo, el del mismo grupo o partido, el extranjero, el enemigo...?
§  Un hombre que va de Jerusalén a Jericó se ve asaltado por unos bandidos y lo dejan medio muerto. Pero, ¿se puede entrar en contacto con un moribundo o se arriesga uno a contaminarse?
§  Un sacerdote y un levita pasan de largo ante el moribundo por temor a contaminarse y no poder celebrar en el templo de Jerusalén; sin embargo, en situaciones como la de la parábola también ellos están obligados a socorrer al moribundo.
§  Un samaritano ve al moribundo, se compadece y se hace cargo de él, y eso que es un extranjero, un enemigo.
·         Tuvo compasión, es decir, no sólo mira al moribundo, sino que se siente implicado en lo más profundo del corazón, sufre en su carne lo que sucede a ese hombre, lo que le pone en movimiento para salvar al moribundo.
·         La compasión no es un sentimiento, sino una acción que produce la preocupación por el otro hasta en los más mínimos detalles: se le acerca, venda sus heridas, lo carga en su cabalgadura, lo lleva a la posada y lo cuida; superada la primera noche, que es la de más riesgo, el samaritano advierte que el moribundo está vivo y entrega al posadero dos denarios para que lo cuide, garantizando al posadero que si hay otros gastos los pagará a la vuelta. La compasión se compromete con el bien y es ganadora.
·         Si al comienzo el prójimo es el moribundo, al final es el samaritano, porque se hace próximo del otro, teniendo compasión de él.

v  Jesús es el buen samaritano, pues estábamos con muchas heridas por nuestros pecados y en manos de la muerte, y cura nuestras heridas entregándose hasta la muerte. Pero también es la comunidad cristiana porque la dedicación al prójimo se transforma en cuidado atento, y cualquier persona que se reconoce en el otro.

v  Las primeras comunidades cristianas profundizaron en el impacto de la parábola del buen samaritano:
Ø  El amor es la única deuda que tenemos con los demás.
Ø  El amor al prójimo es el espejo del amor a Dios, pues no podemos amar a Dios si no amamos al hermano.
Ø  Cuando más se es alcanzado por el amor de Dios, se está en mejores condiciones para amar al otro.

DÍA TERCERO: LA OVEJA Y LA MONEDA PERDIDAS (Lc 15,1-10)

v  Jesús ha sido enviado a curar las heridas de todos los pecadores, y como frecuenta el trato con ellos es acusado de pecador que vive con los pecadores. Pero los milagros desmienten la acusación porque un pecador no puede hacer los prodigios que él realiza.

v  La parábola de la oveja perdida es extraña, pues ningún pastor deja 99 ovejas para buscar a la perdida, pues se arriesgaría a perder las 99 y sin la perdida que no sabe si la encontrará.
Ø  El modo de actuar del pastor explica el de Jesús, pues hay una exigencia de buscar a la perdida porque se piensa que las otras están seguras.
Ø  La alegría por encontrar a la oveja perdida es la alegría del pastor y de Dios, que se alegran más por un pecador convertido que por 99 justos que no tienen necesidad de conversión.
§  Pues la conversión es fruto del actuar de Dios, que busca al que se ha perdido, es una gracia dada por quien se pone la oveja encontrada sobre los hombros y vuelve al redil.
§  Y porque es una gracia, la conversión exige ser compartida por todos con alegría.

v  La situación del pastor se vuelve más natural por un ama de casa que pierde una moneda y se pone con todo empeño a buscarla.
Ø  Una vez encontrada, la mujer convoca a las amigas y vecinas para compartir su alegría. De este modo Dios se alegra por un solo pecador que se convierte.
Ø  No obstante el valor de la moneda, el ama de casa pone todo su empeño en encontrarla y en compartir su alegría por haberla hallado.
Ø  Una moneda es inanimada, lo que subraya más la conversión concebida no como respuesta humana sino como una gracia de Dios: el ama de la casa busca la moneda por el valor que tiene para ella, por lo tanto, si hubiese un sólo pecador, valdría la pena buscarlo, encontrarlo y alegrarse.

v  Jesús es el buen pastor porque conoce por el nombre a las ovejas y da la vida por ellas.
Ø  Cuando llega el lobo, no le importa al pastor afrontar peligros y permanecer con las ovejas, no huye para salvar la piel, sino que la pierde por las ovejas.
Ø  La Iglesia asume el rostro del Padre misericordioso cuando es madre que busca a la oveja descarriada: no olvida las 99 ovejas en los montes, sino que se alegra por la que ha encontrado. Los pequeños y descarriados no sólo son acogidos, sino que son buscados, corriendo el riesgo de no encontrarlos: son el centro de la Iglesia.

DÍA CUARTO: EL PADRE MISERICORDIOSO (Lc 15,11-32)

v  Un padre tiene dos hijos, uno pide lo que le corresponde y el padre divide el patrimonio, entregándole la parte que le corresponde.
Ø  Si el hijo menor volviese a casa ya no tendría nada a que aspirar con respecto al Padre y al hijo mayor, pues la grave culpa del hijo menor podrá ser perdonada pero no olvidada.
Ø  La parábola transgrede la ley de la distribución patrimonial, revelando el excesivo amor del padre, organizando una gran fiesta, porque su hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida.
Ø  El hijo menor no vuelve porque está arrepentido, sino por el hambre. Pues realiza un trabajo humillante (cuidar cerdos) y no le dan ni las algarrobas de los cerdos. Añora el pan abundante de los jornaleros de la casa de su padre y pide ser tratado como un trabajador.
Ø  El hijo mayor, que ha servido al padre durante años, nunca recibió un cabrito para hacer fiesta con sus amigos. Ahora no es capaz de reconocer al hijo del mismo padre como su hermano.

v  Es difícil imaginar un padre que abandona la propia posición para alcanzar a un hijo al que se le ha perdido la pista.
Ø  Al comienzo de la narración el padre no pide ningún motivo, sino que el hijo menor se aleja de casa rápidamente.
Ø  Después de la vida disoluta del hijo, el padre lo ve de lejos, siente compasión, corre a su encuentro, se le echa al cuello, le besa y le reintegra la dignidad perdida. El padre ama entrañablemente al hijo perdido hasta sentir la pasión humana más profunda.
Ø  El hijo mayor se irritó y encara al padre un reproche como si le arrancase la piel: es un avaro y no paga al hijo fiel. Sólo ve el pecado de su hermano. La misericordia del padre es inconmensurable, pues podría haber respondido que mientras está en su casa manda él y puede hacer con sus bienes lo que quiera; pero se pone en la piel del hijo mayor y le invita a repensar sus relaciones con inmensa ternura, reconociendo a su hermano.

v  Al servicio de la misericordia están también los siervos, pues visten al hijo menor de la dignidad perdida y organizan la fiesta. El padre los implica en una misericordia compartida. Y nosotros estamos llamados a continuar el gesto de la compasión.


v  En el corazón de Cristo está el rostro misericordioso de Dios, que siempre tiene en mente la salvación de los pecadores hasta el último aliento de su muerte, perdonando al buen ladrón. Pues Jesús ha venido a buscar y salvar los que estaban perdidos.



DÍA 5º. HOMILÍA DEL DOMINGO 10º DEL TIEMPO ORDINARIO (5  de junio de 2016)

v  Muchas veces estamos estresados con muchas preocupaciones, inquietudes y deseos: salud, dignidad, amistad, paz, enfermedad, soledad... Sin embargo, hay sólo una gran cuestión esencial en la existencia humana: la vida y la muerte.
v  En la primera lectura y en el evangelio aparecen dos viudas despojadas de su hijo: son prototipo de la debilidad, del desvalimiento, de la marginación económica y social; no son nadie; solamente alimenta la ilusión de vivir la vida de su hijo.
v  El desenlace feliz acerca estos relatos:
Ø  Elías suplica que no castigue a la viuda que le hospeda haciendo morir a su hijo.
Ø  A Jesús le impacta el cortejo fúnebre, se le enternecen las entrañas al ver a la viuda, se siente afectado por el desvalimiento de la madre viuda y por compasión le dice a la viuda que no llore.
Ø  Cuando el corazón de Jesús se conmueve, es el Padre el que lo hace por él: Jesús es el rostro, el corazón, las manos, los pies de Dios, pues es un Dios de vida, de salvación y de amor.
v  Lucas sitúa un notable gentío en torno a Jesús y la viuda, pues son muchos los desvalidos que siguen llorando y son muchos aquellos a quienes Jesús ha llamado como discípulos para que continuemos su misión: ¿cuáles son las mayores heridas de la humanidad, los desvalidos que tienen rota su existencia? ¿qué hacemos los seguidores de Jesús? ¿nos dejamos conmover en las entrañas o estamos despistados en tonterías y caprichos egoístas? ¿a quién puedes echar una mano esta semana?



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