HOMILÍA DEL DOMINGO 5º DE CUARESMA (13 de marzo de 2016)


v  Intolerancia, intransigencia, rechazos y prejuicios, que se acrecientan con los que nos llevan la contraria o no piensan como nosotros. El mundo de los nuestros, los puros, los auténticos, los sanos, los normales, los de buena familia... Este es el mundo en que vivimos, nuestro mundo más cercano.

v  Jesús desenmascara nuestras lógicas, nuestras imágenes de Dios y nuestras formas de situarnos ante el prójimo, ante la dureza de corazón, las condenas y el desprecio de los que se creen justos.
§  Los fariseos se defienden acudiendo a la ley de Moisés para condenar a la adúltera. Sienten que nada tienen que ver con esa mujer, con esa suciedad que les repugna y le hace sentirse legitimados en su desprecio, pues son gente de bien que buscan guardar la ley.
§  Ellos no están manchados y esta certeza les impide percibir el dolor y el sufrimiento de esa mujer. La dureza de corazón les ciega e incapacita para la compasión y la misericordia.

v  Jesús tiene otra mirada, una mirada de perdón incondicional.
§  Hace caer en la cuenta a sus acusadores de sus propios pecados, pues deben mirar a su corazón. Los acusadores se transforman en acusados, pues es muy fácil descubrir el pecado en los demás, pero no en uno mismo.
§  A la vez para la mujer esta es una oportunidad para elegir un nuevo camino de vida que no comprometa más su relación con Dios. Su conversión le va a abrir un nuevo futuro, una nueva vida, pues ha sido mirada con misericordia.


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