HOMILÍA DEL DOMINGO 4º DE CUARESMA (6 de marzo de 2016)


v  Debemos plantearnos dónde dirigimos nuestra mirada y nuestro corazón, pues allí donde ponemos nuestra mirada, podemos nuestro corazón y dirigimos nuestra vida.

v  Hoy dirijamos nuestro corazón y nuestros deseos a Cristo, para realizar un retorno/conversión a él.
§  Desde la lejanía exterior, como el hermano menor, cansados por el pecado, que llega a hartarnos, nos envilece, humilla y quita dignidad.
§  Desde la lejanía interior, como el hermano mayor, incapacitado para la alegría y la fiesta, recomido por el rencor, con un corazón duro, entregado al juicio y al desprecio inmisericorde hacia su hermano y su padre.

v  Jesús se revela como el hombre para los demás, es camino para todos, para levantarnos y acercarnos al Padre misericordioso:
§  El dolor me lleva a que los pecados del mundo y los míos propios desgarren mi corazón y me hagan derramar lágrimas, que brotan del corazón.
§    El perdón constante, que me hace superar los muros y acoger a los demás sin esperar nada a cambio.
§  La generosidad, que no se reserva nada, nos vaciamos de nosotros mismos para darnos a los demás, lo que supone una auténtica disciplina.

v  Debemos acoger los sentimientos del Padre misericordioso, que quiere tener a todos sus hijos en casa, acogiendo a los que han sido ofendidos y heridos en el viaje de su vida y amándolos con un amor que no espera nada a cambio.

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