HOMILÍA DEL DOMINGO 1º DE CUARESMA (21-FEBRERO-2015)

v  Es una gracia de Dios poder vivir esta Cuaresma, pues nos permite ponernos en camino para encontrar el sentido de nuestro vivir, para volver a las fuentes de nuestro ser que nos permitan vivir en armonía con nosotros mismos, con Dios y con los demás.

v  En esta Cuaresma somos conducidos al desierto, un espacio donde podemos mirarnos interiormente, alimentarnos de la Palabra de Dios, fortalecer nuestro ser, hacer silencio, discernimiento y elección entre modos diversos de vivir.
Ø  Toda nuestra existencia está sometida a la tentación. Santa Teresa de Jesús así lo expresaba: «Pasaba una vida trabajosísima... Por una parte me llamaba Dios; por otra yo seguía lo mundano. Dábame gran contento las cosas de Dios; teníanme atada las mundanas. Paréceme que quería concertar estos dos contrarios, tan enemigos uno de otro, como es vida espiritual y contentos y gustos y pasatiempos sensuales... ¡Oh, válgame Dios, si hubiera de decir las ocasiones que en estos años Dios me quitaba, y cómo me tornaba yo a meter en ellas...! Sé decir que es una de las vidas más penosas que me parece se puede imaginar: porque ni yo gozaba de Dios, ni traía contento con lo mundano
Ø  Esto no nos debe asustar, sino valorarlo positivamente como un elemento de crecimiento personal en el seguimiento de Cristo.

v  ¿Cómo nos ayuda Santa Teresa a vencer la tentación?
Ø  Obrar con decisión: «Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo». Pues «el demonio ha gran miedo a ánimas determinadas, que tiene ya experiencia le hacen gran daño, y cuanto él ordena para dañarlas, viene en provecho de esas almas y él sale con pérdida. Y ya que no hemos nosotros de estar descuidados, porque nos habemos con gente traidora, y a los apercibidos no osa tanto acometer, porque es muy cobarde; mas si viese descuido, haría gran daño. Y si conoce a uno por mudable y que no está firme en el bien y con gran determinación de perseverar, no le dejará a sol ni a sombra. Miedos le pondrá e inconvenientes que nunca acabe. Yo lo sé esto muy bien por experiencia... y por eso hay que pelear con más ánimo.»
Ø  Aborrecer el pecado: «Tened esta cuenta y aviso -que importa mucho- que no os descuidéis hasta que os veáis con tan gran determinación de no ofender al Señor, que perderíais mil vidas antes que hacer un pecado mortal, y de los veniales estéis con mucho cuidado de no hacerlos
Ø  Cuidado con las excusas: «dejamos de ir al coro, un día porque nos dolió la cabeza, otro porque nos ha dolido, y otros tres porque no nos duela».
Ø  Dios exige una vida sacrificada: «Y está claro que, pues lo es que a los que Dios mucho quiere lleva por camino de trabajos, y mientras más los ama, mayores (...). Pues creer que admite a su amistad estrecha gente regalada y sin trabajos, es disparate.»
Ø  Seguir las inspiraciones de Dios, pues «cuando una buena inspiración acomete muchas veces, se deje, por miedo, de poner por obra; que si va desnudamente por solo Dios, no hay que temer sucederá mal, que poderoso es para todo».
Ø  Guardarse de las ocasiones de pecar, «porque, puestos en ellas, no hay que fiar donde tantos enemigos nos combaten y tantas flaquezas hay en nosotros para defendernos».
Ø  Levantarse enseguida después de los errores, pues «aunque tornen a caer, queda una señal de que estuvo allí el Señor, que es levantarse presto».
Ø  El gran bien de la oración, ya que «el gran bien que hace Dios a un alma que la dispone para tener oración con voluntad, aunque no esté tan dispuesta como es menester, y cómo si en ella persevera, por pecados y tentaciones y caídas de mil manera que ponga el demonio, en fin tengo por cierto la saca el Señor a puerto de salvación, como -a lo que ahora parece- me ha sacado a mí. Plega a Su Majestad no me torne yo a perder.»
Ø  Tener los ojos en la eternidad, «en el verdadero y perpetuo reino que pretendemos ganar...: traer a la memoria lo poco que dura todo y cómo no es todo nada y en lo nonada que se ha de estimar el descanso».
Ø  Comprender que gozamos del favor de Dios, «pues ¿cómo aprovechará y gastará con largueza el que no entiende que está rico? Es imposible conforme a nuestra naturaleza -a mi parecer- tener ánimo para cosas grandes quien no entiende está favorecido de Dios».


v  De este modo pasamos del conformismo a la novedad de Jesús.

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